lunes, 20 de junio de 2011

Eticidad lingüística e información

He dicho antes, en clase, que este texto me parece un poco exagerado. A continuación las razones. Olimpia Chong hace una llamada de atención sobre los basamentos morales de los “hacedores de este enramaje mundial de información”. Desde esta afirmación, comenzamos a tener la sensación de que hay un reducido número de personas (como en el caso de los empresarios de México, que son los que toman decisiones por la colectividad) que son responsables del flujo de información de toda la red. Esta es una idea de por sí descabellada; sabemos muy bien que cualquier persona, incluido el hijo de mi vecina, puede subir información a internet.

Ahora bien, expone la prevalencia del inglés como idioma universal, y lo propone como un peligro para la identidad y la cultura del resto de los hablantes (Rusos, Hispanos, etcétera). Propone el multilingüismo como una solución. En este sentido, dadas ahora las condiciones educativas, hablando sólo al nivel mexicano, en que la mayoría de la gente puede apenas balbucear el inglés, y que esta mayoría es educada para ser no más que un obrero, o si logra algo sobrehumano, un técnico al servicio de las transnacionales. ¿Es congruente pedir a este sistema educativo que nos dé herramientas para entender las ideas de un ruso en su lengua natal? Apenas nos contentaríamos con entender una nota en el periódico con información sencilla para extraer una sola idea, y escrita en español.

Me parece que Chong está viendo en este predominio del inglés lo que un vasco, hace muchos años, percibía del latín; o lo que un monje percibía al escuchar las lenguas incipientes, como el francés, el italiano o el mismo español: horror mezclado con asco.

Hablar de normalización de la terminología, y los avances de Cuba en esta materia, me parece congruente. Dentro de una misma lengua es necesario tener una terminología común en muchísimas áreas, desde la empresarial hasta la humanista.

Estamos también de acuerdo en que la lengua es un patrimonio inmaterial, pero dicho patrimonio se enfrenta a cambios constantes que en ocasiones son someramente palpables de una generación a otra.

En general, me parece que este texto está construido sobre la base de un exagerado etnocentrismo lingüístico.

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